El Gran Búho


Hace un tiempo estaba buscando lugares donde pudiera fotografiar animales, en especial aves. Navegando en internet, encontré un sitio llamado Orlando Wetlands Park. Incluso descubrí un grupo en Facebook donde la gente compartía sus fotos y experiencias del parque, así que decidí visitarlo para ver qué encontraba.

Me gustó mucho cómo está diseñado el parque y lo fácil que resulta observar animales, siempre manteniendo una distancia prudente y segura, tanto para mí como para ellos. Planifiqué un viaje para llegar de madrugada y aprovechar los primeros rayos del sol. Al llegar, noté que había un portón que abría justo antes de amanecer. Me estacioné y comencé a caminar hacia un área que parecía buena para fotografiar.

En el camino, escuché el canto de un búho. Traté de ubicarlo entre las ramas, me detenía a escuchar con calma esperando que apareciera, pero no tuve suerte. Decidí continuar para ver qué más encontraba. Ese día vi venados, cocodrilos, una águila que pasó volando muy rápido, varios patos, garzas y garcetas comunes. Ya casi eran las siete de la mañana y opté por regresar. Mientras caminaba hacia el estacionamiento, un señor me preguntó si había visto algo interesante. Le respondí que lo que más me sorprendió fue ver águilas, pero que lo que realmente quería era retratar un búho. Él me comentó que debía llegar aún más temprano, porque suelen posarse en una palma cerca del agua, desde donde cazan con mayor facilidad. Lo que él no sabía era que yo había llegado incluso antes que todos los demás.

El siguiente domingo volví con la esperanza de fotografiar al famoso búho del grupo de Facebook. Sin embargo, otra vez no tuve suerte. Y así pasaron varios intentos: madrugadas, caminatas, y nada.

Un sábado en la tarde decidí cambiar la rutina. En lugar de llevar mis cámaras digitales, me llevé mi vieja Nikon F5, que hacía mucho no usaba. Mi propósito no era presionarme por qué retratar, sino simplemente disfrutar, relajarme y volver a aprender el manejo de la cámara.

Para mi sorpresa, ese día el parque estaba casi vacío: apenas un par de autos y ninguna persona en las veredas. Al llegar al área donde el señor me había dicho que se aparecía el búho, ahí estaba, posado tranquilamente, esperando lanzarse sobre las aguas poco profundas cubiertas de vegetación. Lo primero que pensé fue: “Con solo 36 disparos en el rollo, no podré hacerle muchas fotos”.

Foto tomada con el celular.

Me fui acercando poco a poco, y para mi sorpresa, el búho no se movía del poste donde estaba. Pude hacerle varias fotos, incluso llenar el rollo completo. Cambié a otro rollo y continué retratándolo. Al rato llegó una señora y se puso a mi lado a fotografiar también. El búho permaneció allí cerca de una hora. A veces bajaba la cámara y simplemente lo observaba, admirando lo majestuoso que es este animal.

Foto con película de 35 mm y Nikon F5

Finalmente, decidió volar hacia un árbol más alejado, ocultándose entre las hojas de manera que casi no se distinguía. En ese momento noté que la luz ya no era la mejor y el calor se volvía fuerte, así que decidí regresar. Me fui con una sonrisa enorme y una alegría inmensa de haber podido ver, por fin, al búho que tanto había esperado.

Esa experiencia me hizo reflexionar en algo: muchas veces, cuando menos lo esperamos, es cuando más oportunidades se presentan. Y en ese preciso momento, hay que aprovecharlas


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